Violencia en los ’70 revisada desde la literatura

Alberto Ferrari reseña Todos éramos hijos para el portal latinoamericano de la agencia ANSA; el texto, por acá:

 

http://www.ansa.it/ansalatina/notizie/fdg/201408021813452192/201408021813452192.html

 

Maria Rosa Lojo

 

Más cerca de la memoria que de la historia, “Todos éramos hijos”, libro de María Rosa Lojo, ofrece una perspectiva poco explorada en la ficción argentina, como es la mirada de los jóvenes que en la década del 70 quedaron envueltos en la violencia política que desembocó en la dictadura militar de 1976.

“Todos éramos hijos” es una ficción testimonial cuya protagonista -igual que Lojo- recorre escenarios reconocibles como los claustros universitarios, donde fermentó la rebeldía de los jóvenes y su compromiso político.

El escenario de la novela incluye otros testimonios generacionales enriquecidos por la literatura, como fue la militancia en las organizaciones juveniles del peronismo de izquierda y la “opción por los pobres” por la que apostaron a partir del Concilio Vaticano II y la Teología de la Liberación.

También, la ruptura de esa mirada entre utópica y romántica, de aquellos jóvenes que percibían en el general Juan Domingo Perón, en el “Mesías” que volvía a la patria para redimir a los pobres después de casi dos décadas de exilio.

El asesinato del cura Carlos Mugica, reconocido por su labor pastoral entre los pobres, aún con Perón en la presidencia en mayo de 1974 y a manos de la ultraderecha peronista, fue el punto de ruptura, el descalabro de esos sueños juveniles incubados en las facultades y los colegios secundarios.

La muerte de Mugica, que el entonces presidente Perón no condenó, constituyó el bautismo de las bandas de ultraderecha que aterrorizaron y asesinaron a los militantes juveniles en las facultades y en los barrios a partir de julio de 1974, cuando la muerte del líder peronista les dejó despejado el escenario para los crímenes impunes.

“Empezamos a convertirnos en leprosos. Los jóvenes antes queridos parecían envueltos en una nube contaminante como un gas envenenado, que los separaba de sus prójimos”, reflexiona uno de los protagonistas de la novela, editada por Sudamericana.

Lojo incluye en su relato poemas de su autoría escritos entre 1969 y 1970, en aquellos tiempos en que despedía la escuela media con el montaje estudiantil de “Todos eran mis hijos” de Arthur Miller e iniciaba sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras, lejos de la mansedumbre del barrio de su infancia.

“Nunca oyeron hablar de lo que pasa en Filosofía?.Está lleno de locas y de subversivos..”, les advierte un conductor de taxi a ella y a una amiga, en su primer viaje a esa facultad que había sido un orfanato de los dominicos y que bullía de asambleas, militantes y revoluciones por parir. Lojo rinde tributo desde la construcción literaria a los obispos Enrique Angelelli y Carlos Ponce de León y a los curas palotinos asesinados durante la dictadura.

“Ya nos hemos quedado sin verano/Y ahora no sabemos si hemos muerto/O si aún es el último recuerdo/En la última nube que miramos/Estamos vivos”, escribe aquella joven que se va desvinculando de su adolescencia y de sus amigas de la infancia.

Sin embargo, la novela, en un giro temporal, retorna al patio de la casa familiar donde desaparece el miedo y afloran los recuerdos. En ese patio los protagonistas del drama de Miller vuelven a escena, en cartas enviadas desde el exilio en México o desde lejanos pueblos del sur del país -también en el exilio interior- con final incierto en tiempos en que el luto y los pésames llegaban con las malas noticias de ex compañeros de la escuela secundaria y la facultad muertos o desaparecidos. Lojo obtuvo el Primer Premio de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires en 1984, el Premio del Fondo Nacional de las Artes en 1985, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires en 1996 y el Premio del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California en 1999, entre otras distinciones.

Sus novelas “La pasión de los nómades”, “La princesa federal” e “Historias ocultas en la Recoleta” han sido traducidas a varios idiomas.

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